El crecimiento del ecommerce internacional transformó la forma en que circulan las mercaderías a nivel global.Los distintos Marketplaces aceleraron el acceso a productos del exterior, multiplicaron la cantidad de envíos y consolidaron una logística basada en paquetes individuales, de bajo peso y rápida circulación.
Este cambio no solo modificó los hábitos de consumo. También alteró profundamente la forma en que las aduanas deben controlar el comercio internacional.
Ese cambio estructural quedó reflejado en el Illicit Trade Report 2025, elaborado por la Organización Mundial de Aduanas (OMA). El documento concluye que el 44,8% de todos los casos de comercio ilícito detectados durante el último año estuvo vinculado al comercio electrónico.
Esto consolida al ecommerce como uno de los principales canales utilizados para el movimiento transfronterizo de mercaderías ilícitas y obligando a replantear las estrategias tradicionales de control.
Durante décadas, el control aduanero estuvo pensado principalmente para grandes operaciones: contenedores, cargas consolidadas, importadores claramente identificados y documentación comercial completa. Hoy, una parte creciente del comercio cruza fronteras en miles de paquetes individuales, muchas veces con información limitada, valores bajos, descripciones genéricas y destinatarios atomizados.
Frente a este nuevo escenario, el desafío ya no consiste únicamente en revisar más mercadería. El verdadero cambio está en cómo identificar el riesgo antes de que la operación se transforme en un problema aduanero.
Del control físico al control inteligente
El aumento de paquetes internacionales hace inviable un modelo basado solamente en inspecciones físicas aleatorias. Revisar manualmente cada envío no es eficiente, demora la operativa y afecta también al comercio legítimo.
Por eso, las administraciones aduaneras están avanzando hacia modelos de gestión de riesgo, donde la clave es analizar información antes, durante y después del ingreso de la mercadería.
Este enfoque permite diferenciar operaciones de bajo riesgo de aquellas que presentan señales de alerta. En lugar de controlar todo con la misma intensidad, la Aduana concentra recursos en envíos con mayor probabilidad de incumplimiento.
En la práctica, esto implica cruzar información sobre el proveedor, la plataforma utilizada, el país de origen, el courier, el valor declarado, la descripción del producto, la frecuencia de compras, el historial del destinatario y el tipo de mercadería.
El objetivo es claro: facilitar el comercio legítimo y, al mismo tiempo, reforzar el control sobre operaciones sospechosas.
Qué mira la Aduana en un entorno de ecommerce
En el comercio electrónico, el riesgo no siempre está en el tamaño del envío. Muchas veces aparece en la información que acompaña al paquete.
Algunas señales pueden generar observaciones o mayores controles:
- descripciones comerciales demasiado genéricas;
- valores declarados que no parecen razonables;
- múltiples compras fraccionadas;
- productos repetidos en cantidades incompatibles con uso personal;
- mercadería con posible destino comercial declarada como compra particular;
- productos técnicos sin ficha o respaldo documental;
- artículos sujetos a intervención de organismos;
- diferencias entre factura, comprobante de pago y declaración del courier;
- proveedores o plataformas con antecedentes de subfacturación o mercadería falsificada.
Esto muestra un cambio importante: el control ya no empieza cuando se abre el paquete. Empieza mucho antes, con el análisis de datos.
Uruguay frente al nuevo volumen de envíos
Uruguay también está atravesando este cambio. El crecimiento de plataformas internacionales generó un aumento significativo en los envíos que ingresan por vía postal, courier y carga aérea.
El llamado “efecto Temu” puso en evidencia una realidad concreta: el sistema debe procesar más paquetes, más rápido y con mejor información. Esto impacta en Aduana, operadores postales, couriers, depósitos, terminales aeroportuarias y consumidores.
La nueva infraestructura logística proyectada en el entorno del Aeropuerto de Carrasco responde justamente a esa transformación. Una terminal orientada a procesar envíos vinculados al ecommerce no es solamente una ampliación física: es una señal de que el comercio digital ya ocupa un lugar estructural dentro del comercio exterior uruguayo.
Pero más capacidad operativa también exige mejores controles.
Si Uruguay procesa más paquetes, necesita hacerlo con sistemas capaces de identificar riesgos sin bloquear innecesariamente la operativa legítima. La eficiencia ya no depende solo de espacio físico, sino de información, tecnología, coordinación y criterios de control adecuados.
Nueva terminal en el aeropuerto de carrasco
La nueva terminal en etapa de construcción asociada al crecimiento de envíos de plataformas como Temu puede mejorar los tiempos de procesamiento, ordenar flujos y dar mayor capacidad al sistema logístico.
Sin embargo, también obliga a mirar el tema desde una perspectiva aduanera más amplia.
Más volumen significa más necesidad de:
- información electrónica anticipada;
- clasificación adecuada de mercaderías;
- identificación correcta del destinatario;
- trazabilidad del pago y del proveedor;
- segmentación entre compra personal y operación comercial;
- controles sobre productos sensibles;
- coordinación entre Aduana, couriers, depósitos y otros organismos;
- sistemas de gestión de riesgo más precisos.
El objetivo no debería ser frenar el ecommerce, sino evitar que la agilidad logística se convierta en una vía de ingreso irregular.
Más control no significa menos comercio
Es importante entender que el fortalecimiento de controles no necesariamente implica una barrera al ecommerce. Al contrario, un sistema de riesgo bien diseñado permite que las operaciones legítimas circulen con mayor fluidez, mientras concentra la fiscalización donde realmente existen señales de alerta.
El desafío está en lograr un equilibrio: facilitar el comercio digital, pero proteger el mercado formal, la recaudación, la seguridad del consumidor y el cumplimiento normativo.
Para Uruguay, este equilibrio será cada vez más importante. La nueva infraestructura aeroportuaria, el crecimiento de plataformas globales y la evolución de los controles aduaneros muestran que el país está entrando en una etapa distinta del comercio exterior.
Qué deberían hacer las empresas
Ante este escenario, las empresas deberían incorporar una revisión previa cada vez que compran productos en el exterior por plataformas, courier o canales no tradicionales.
Antes de concretar una compra, conviene revisar:
- si el producto puede ingresar por régimen simplificado;
- si corresponde despacho formal;
- si la mercadería requiere intervención de algún organismo;
- si la descripción comercial es suficiente;
- si el valor declarado coincide con el valor real;
- si hay factura y comprobante de pago;
- si se cuenta con ficha técnica;
- si la compra tiene destino personal, productivo o comercial;
- si la frecuencia de operaciones puede generar observaciones.
Este análisis permite anticipar riesgos y evitar que una compra rápida termine generando demoras, costos de depósito o trámites no previstos.
Conclusión
El ecommerce internacional está redefiniendo el control aduanero. El crecimiento de paquetes individuales, la velocidad logística y la expansión de plataformas globales obligan a pasar de un modelo centrado en la inspección física a uno basado en inteligencia, datos y gestión de riesgo.
Uruguay ya está sintiendo este cambio. El aumento de envíos, la actualización de procedimientos y la nueva infraestructura asociada al ecommerce muestran que el país se prepara para procesar más volumen. Pero ese crecimiento también exige más trazabilidad, mejores controles y mayor responsabilidad de todos los actores de la cadena.
En un entorno donde los controles serán cada vez más inteligentes, la documentación, la coherencia de la operación y la correcta elección del régimen aduanero serán claves para evitar retenciones y costos inesperados.








